Nuestras Creencias y Doctrinas: El Fundamento de Nuestra Fe
Las creencias y doctrinas que sostenemos no son simples tradiciones ni conceptos humanos, sino verdades bíblicas que han sido reveladas por Dios y confirmadas a lo largo de la historia de la iglesia. Ellas definen quiénes somos, en qué creemos y cómo vivimos nuestra fe diariamente. Estas convicciones nos unen como comunidad y nos guían en nuestra relación con Dios, con la iglesia y con el mundo.
A continuación, presentamos los fundamentos doctrinales que sostienen nuestra fe cristiana.
1. El Señorío de Jesucristo
Creemos firmemente en el señorío absoluto de Jesucristo. Él es el Hijo de Dios, eterno, santo y soberano, y tiene autoridad sobre toda la creación y sobre cada área de nuestra vida. Reconocer a Jesucristo como Señor implica mucho más que una confesión verbal; significa rendir nuestra voluntad, decisiones y propósito a Él.
Jesucristo no solo murió por nuestros pecados y resucitó para darnos vida, sino que también gobierna hoy como Rey. Vivir bajo su señorío nos llama a obedecerle, a seguir su ejemplo de amor, humildad y servicio, y a confiar en su dirección aun en medio de las dificultades.
2. La Biblia como única autoridad para la fe y la práctica
Afirmamos que la Biblia es la Palabra inspirada de Dios y la máxima autoridad para nuestra fe y conducta. Creemos que las Escrituras son verdaderas, confiables y suficientes para enseñarnos todo lo necesario para la salvación y para una vida piadosa.
La Biblia no solo informa nuestra teología, sino que transforma nuestra manera de pensar, vivir y relacionarnos. En ella encontramos la revelación del carácter de Dios, el plan de salvación y los principios que guían nuestra vida personal, familiar y comunitaria. Por esta razón, toda enseñanza, doctrina o práctica debe ser evaluada a la luz de las Escrituras.
3. Salvación por gracia mediante la fe en Jesucristo
Creemos que la humanidad se encuentra separada de Dios a causa del pecado y que, por sí misma, no puede alcanzar la salvación. Sin embargo, Dios, en su inmenso amor y misericordia, ofreció un camino de restauración a través de Jesucristo.
La salvación es un regalo de gracia que se recibe únicamente por fe en Jesucristo como Señor y Salvador. No es el resultado de méritos, obras o esfuerzos humanos, sino de la obra perfecta de Cristo en la cruz. Al creer en Él, somos perdonados, reconciliados con Dios y recibimos la promesa de vida eterna.
4. Sacerdocio de todos los creyentes
Creemos que todo creyente en Jesucristo es llamado al sacerdocio espiritual. Esto significa que cada hijo de Dios tiene acceso directo a Él sin necesidad de intermediarios humanos, ya que Jesucristo es nuestro único mediador.
El sacerdocio del creyente implica responsabilidad y privilegio: somos llamados a orar, servir, anunciar el evangelio y vivir como testigos de la gracia de Dios. Cada creyente tiene dones espirituales y un papel activo dentro del cuerpo de Cristo.
5. Bautismo del creyente
Creemos en el bautismo del creyente como un acto voluntario y consciente de obediencia a Jesucristo. El bautismo es una declaración pública de fe que simboliza la identificación del creyente con la muerte, sepultura y resurrección de Cristo.
Este acto no produce la salvación, pero sí expresa externamente una realidad espiritual interna: una vida transformada por el poder de Dios. Es un paso importante en el crecimiento espiritual y en el compromiso con la comunidad de fe.
6. Bautismo y Santa Cena como símbolos, no como medios de salvación
Reconocemos tanto el bautismo como la Santa Cena como ordenanzas establecidas por Jesucristo. Ambas poseen un profundo significado espiritual y nos recuerdan verdades centrales del evangelio.
Sin embargo, afirmamos que estas prácticas no son esenciales para la salvación. Son símbolos visibles de una gracia que ya hemos recibido por fe. La Santa Cena, en particular, nos invita a recordar el sacrificio de Cristo, a examinarnos y a renovar nuestro compromiso con Él y con su iglesia.
7. Membresía compuesta por personas nacidas de nuevo
Creemos que la iglesia no es simplemente una institución, sino el cuerpo vivo de Cristo. Está formada por personas que han experimentado el nuevo nacimiento mediante la fe en Jesucristo.
La membresía en la iglesia representa un compromiso espiritual, doctrinal y relacional. Los creyentes nacidos de nuevo caminan juntos en amor, rendición de cuentas, servicio y crecimiento espiritual, reflejando la unidad que Cristo desea para su pueblo.
8. Libertad religiosa y separación entre la iglesia y el Estado
Defendemos la libertad de religión como un derecho dado por Dios, que permite a cada persona buscarle y servirle conforme a su conciencia. Creemos que la fe auténtica no puede ser impuesta, sino que debe ser una respuesta libre y personal al llamado de Dios.
Por esta razón, sostenemos la separación entre la iglesia y el Estado. Ambos tienen responsabilidades distintas y deben respetar sus respectivos ámbitos, permitiendo que la iglesia cumpla su misión espiritual sin interferencias y que el Estado garantice justicia y libertad para todos.
Estas creencias y doctrinas forman el fundamento de nuestra fe y nuestra misión. Nos llaman a vivir una relación viva con Dios, a caminar en obediencia a su Palabra y a reflejar el amor de Cristo en un mundo que necesita esperanza.
Nuestro deseo es crecer continuamente en el conocimiento de la verdad, vivir una fe genuina y compartir el mensaje transformador del evangelio con fidelidad y amor.
